¿Qué efectos tendrá en los índices de
contaminación el nuevo plan de transporte urbano?
El medioambiente: una dimensión
clave
Germán Correa (*)
Ningún plan de transporte urbano para Santiago puede
dejar de tener muy en cuenta la dimensión
medioambiental, dado el alto nivel de contaminación
atmosférica que sufre la capital, condición permanente y
endémica a su situación geográfica y al fenómeno
climático de la capa de inversión térmica que se instala
sobre la ciudad entrado el otoño de cada año. Hay
crónicas de la época de la Colonia que nos describen una
ciudad ya entonces con su aire contaminado: "Santiago,
con su eterna nube de polvo y humo de las cocinas a leña
flotando sobre la ciudad".
Por el número de buses que lo componen, la cantidad
de horas que circulan por toda la ciudad, la tecnología
diesel predominante y los aún altos contenidos de azufre
en su composición, el transporte público es un fuerte
contribuyente a la contaminación atmosférica de la
ciudad. En la última década se han hecho grandes
esfuerzos para enfrentar el problema, y a pesar del
aumento explosivo que ha tenido el volumen total del
parque vehicular se han conseguido importantes avances,
reduciendo significativamente las emisiones totales de
partículas contaminantes provenientes del transporte
urbano. Pero todavía queda mucho por hacer.
Por ello es que en el actual Plan de Transporte
Urbano para Santiago la dimensión medioambiental está
muy presente y se expresa a través de diferentes
aspectos.
Desde luego, el profundo cambio que va a experimentar
la actual malla de recorridos y su forma de operación
-combinando servicios con tarifas integradas entre
ellos, acortando muchos recorridos- significará que se
deba contar con un menor número de buses. La razón
principal es que al efectuarse la licitación por áreas
de servicios y con muy pocas empresas -eventualmente una
sola- operando en cada sector, la oferta de buses se
podrá ajustar mucho mejor a la demanda y a sus
variaciones durante el día y en diferentes ejes. El
número de buses se reducirá también, en parte porque
muchos de ellos, especialmente en los ejes troncales,
serán reemplazados por vehículos articulados de mayor
capacidad.
El Plan de Transporte Urbano para Santiago también
involucrará cambios en las tecnologías de propulsión de
los vehículos, privilegiando las que menos contribuyan a
las emisiones contaminantes, como la eléctrica, los
buses híbridos y a gas natural y los buses diesel pero
con combustible mucho más refinado, con niveles de
azufre de 50 partes por millón en lugar de las 300
actuales.
Además, la operación global de un sistema
"alivianado", en que las frecuencias del conjunto de la
flota se ajustarán durante el día mucho más
estrechamente a la demanda en los distintos ejes o
corredores, permitirá un desplazamiento más fluido no
sólo de la flota de vehículos de locomoción colectiva,
sino del propio transporte privado, disminuyendo la
congestión y, en consecuencia, la contaminación.
Pero no sólo se impulsarán cambios en la locomoción
colectiva y otros modos de transporte público, como los
taxis colectivos y taxis básicos. También se actuará
sobre el transporte de carga, incentivando terminales de
transferencia de carga ubicados fuera del anillo Américo
Vespucio y sistemas de distribución más eficientes
dentro de la ciudad. Se intervendrá asimismo sobre el
transporte rural y el interurbano que usan la vialidad
urbana, buscando su integración a terminales
intermodales y a estaciones de transferencia adecuadas.
Más allá aún, se buscará impulsar cambios importantes
en la propia conducta de los santiaguinos: con un
transporte público sustancialmente mejorado queremos
también estimular a los automovilistas a que vayan
dejando de usar sus autos y utilicen un nuevo servicio
de transporte público, al que podrán acceder desde el
2004. Se trata de generar estímulos para modificar las
conductas respecto de cómo y cuándo usar el automóvil, y
que a la vez que conozcan y asuman los costos que
provocan sobre el resto de los habitantes de la ciudad
por usarlo indiscriminadamente, muchas veces en tramos
cortos que bien se podrían cubrir caminando.
Asimismo, se promoverán nuevos y más saludables
hábitos entre los santiaguinos, como el uso de la
bicicleta, y se creará la infraestructura necesaria para
ello. También se promoverá masivamente la formación de
conductas más organizadas de las familias, que les
permitan planificar el uso de sus automóviles entre sus
miembros -o "travel blending"-, que es el concepto guía
de esta modalidad en el mundo desarrollado (Europa y
Australia).
Para todas estas otras formas de abordar el problema
del transporte urbano, especialmente en la parte
automovilistas y ciudadanía en general, se cuenta con el
apoyo de diferentes organismos internacionales. Así, hoy
se inicia un proyecto de US$ 350.000 con el Banco
Mundial, en el marco del Fondo para el Medio Ambiente
Mundial (o GEF, en su sigla inglesa), con un taller de
tres días organizado por la Coordinación General de
Transporte de Santiago y la Secretaría Ejecutiva de
Transporte (Sectra), con la participación del Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la
Comisión Nacional de Medio Ambiente (Conama) y la
Intendencia Metropolitana. Con esta iniciativa comenzará
la elaboración de proyectos que apuntarán a disminuir y
ordenar el uso del automóvil e incentivar el uso del
transporte público, a aumentar el uso de modalidades no
contaminantes de movilizarse (como la bicicleta), a
racionalizar los hábitos de viaje integrando los
distintos modos de trasladarse para reducir los niveles
de energía/pasajero, así como a introducir métodos de
evaluación ambiental del Plan de Transporte Urbano en
curso. Los proyectos elaborados darán paso a inversiones
para ejecutarlos, como el caso de las cliclovías y
otros, con el apoyo del Banco Mundial.
(*) Germán Correa D. es coordinador general de
Transporte de Santiago y secretario ejecutivo del
Séptimo Encuentro Científico del Medio Ambiente
(Antofagasta, mayo del 2002).
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